PROVOCATIO: La lectura como acto que cambia vidas


Desde niño aprendí que leer, era un acto necesario, liberador, entretenido y enriquecedor. Desde esa edad también aprendí que, lo que yo creía natural y común, en realidad era un privilegio para la mayoría. Siempre me llamó la atención ver a otros coetáneos en tareas laborales, mientras mi realidad se consumía entre el estudio y el juego, una vez terminadas mis tareas escolares. Más adelante entendí el sistema estructural que provocaba esas desigualdades.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

Desde niño aprendí que leer era un acto necesario, liberador, entretenido y enriquecedor. A esa edad también aprendí que, lo que yo creía tan natural y común, en verdad, era un privilegio para la mayoría en este país.

Me llamaba la atención ver a mis coetáneos desempeñando tareas laborales, mientras mi realidad se concretaba entre el estudio y el juego, una vez terminadas mis tareas escolares. Más adelante entendí el sistema estructural que provocaba esas desigualdades.

Desde pequeño sentí gran placer y curiosidad devorando periódicos y revistas que llegaban a mi casa, ya que mis padres estaban suscritos prácticamente a muchas de esas publicaciones. Luego descubrí la Enciclopedia Sopena y demás libros de biblioteca y era mi padre quien me inducía a investigar, con tal de no facilitarme las respuestas que él hubiera podido proporcionar y así, generar en mí una comodidad que no me permitiría crecer intelectualmente. Esa dinámica me sirvió para desarrollar un léxico y destrezas conversatorias, lo cual también me ganó fama como buen lector en clase, y me hizo elegible para participar en las lecturas de la liturgia diaria, en las misas obligatorias del colegio.

Ya en la secundaria, la orientación marista me encauzó por todo tipo de lecturas, destacando la influencia del hermano Eduardo Alburez, don Guayito, ya fallecido.  Posteriormente ingresé a la URL, y después, a la USAC. A estas alturas, desarrollé un perfil que podía comentar desde temas banales, como noticias sociales y deportivas de prensa, notas de farándula por medio de las revistas internacionales, hasta lecturas más comprometidas, con un pensamiento que promovía un cambio real en un país que terminé de conocer, brutalmente, cuando después del terremoto de 1976, fuimos a labores de descombramiento, como apoyo a las comunidades devastadas del interior de la República.  Pronto aprendí, además, que más que ayudar, nuestra intervención fue una lección de vida para conocer de cerca la miseria que muchos vivían, desde tiempos inmemoriales.

Ya con familia, inculqué en mis hijos la importancia de leer, no como un ejercicio ocasional, sino como un acto sistémico que define el espíritu de las mujeres y los hombres libres. A pesar de la influencia de las ideas consideradas prohibidas para la época, mi padre, conservador y de derechas como era, no solo aceptó mis quereres literarios y sociológicos, sino que me animó a estudiar y defender sólidamente mi posición de ser libre y comprometido, pero racional y crítico. Pensamos diferente –me decía– pero te respeto, siempre y cuando tengas bases para defender lo que pregonas, sin fanatismos de ningún tipo, lo cual me motivó a buscar diversidad de fuentes para contrastar y lograr un consenso respecto de varios autores, teorías y corrientes de pensamiento, lo que me ha servido en la docencia universitaria para generar reflexión crítica independiente y no simple adhesión a escuelas que no se terminan de entender y que solo se replican como efecto de los aparatos ideológicos del Estado.

El acto de leer tiene un efecto dominó que empieza en el individuo y termina en la sociedad, pues a nivel personal, quien lee expande sus oportunidades laborales, mejora su capacidad de comunicación y desarrolla una inteligencia emocional más profunda. La lectura nos hace más tolerantes, más creativos y más libres. En el ámbito de las naciones, un país que lee es un país que progresa. La lectura masiva eleva el nivel educativo, reduce la brecha de desigualdad y fomenta la innovación tecnológica y cultural. Una sociedad lectora exige mejores gobernantes, construye economías más fuertes basadas en el conocimiento y defiende la democracia con argumentos, lejos de los fanatismos.

Dicho todo lo anterior y por muchas cosas más, saludo y aplaudo las iniciativas para promover la lectura, como es el caso de “Libro al Viento”, la feria del libro itinerante impulsada por la Asociación Gremial de Editores de Guatemala en alianza con el Ministerio de Cultura y Deportes. Entre la información que me envía mi amigo y luchador de causas sociales Raúl Figueroa Sarti, destaco lo siguiente:

“Concebida como una estrategia de descentralización cultural en la promoción de la lectura y el desarrollo de la industria editorial más allá del área metropolitana de la ciudad capital, especialmente a territorios con menor acceso a la oferta editorial. Su enfoque es territorial y comunitario, priorizando el encuentro directo entre libros, autores y nuevos públicos lectores”.

En voz de sus organizadores, Libro al Viento es una iniciativa público-privada que trasciende lo estrictamente comercial. Entre sus objetivos está el promover la lectura en todo el país, fortalecer la formación cultural y ciudadana, así como desarrollar el mercado editorial local y difundir autores guatemaltecos.

El proyecto Libro al Viento inició en 2023 y en la actualidad ya abarca las regiones de suroccidente: Suchitepéquez, Retalhuleu, Quetzaltenango y San Marcos; oriente: Chiquimula, Zacapa, Jalapa y Jutiapa. En 2025 se sumó Libro al Viento Verapaz, que abarca los departamentos de Alta y Baja Verapaz. 

La IV edición del Libro al Viento Suroccidente se desarrollará en Retalhuleu del miércoles 27 al 30 de mayo de 2026, siendo dedicada a la escritora y maestra Leonor Alicia Friely Taracena, destacada educadora y literata de Reu.

La próxima vez que tengas un libro en tus manos, recuerda que no solo estás pasando páginas, estás invirtiendo en tu propio crecimiento y poniendo un ladrillo en la construcción de un país más justo, próspero y libre.

¡Abre un libro hoy y sé parte del cambio!

¡Te esperamos en Casa Fátima en la 4ª. calle “A” 4-58 zona 1, Retalhuleu!


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