Enfoque: Lecciones de “guante blanco” de Carlos III


El rey Carlos III visitó Washington y dejó, contrario a lo que algunos esperaban, la imagen de un hábil monarca con talento y tacto para intervenir en medio de una relación en crisis y dar algunas lecciones a su poderoso anfitrión, Donald Trump, empeñado en ser quien dicte al mundo el rumbo a seguir«.


Gonzalo Marroquín Godoy

Debo reconocer que el rey Carlos III no es un personaje de la historia que me ha impresionado y su rol en la monarquía británica siempre me pareció más bien opaco.  De tal cuenta, no tenía expectativas sobre su visita reciente a Washington, aunque sabía que debería ser cuidadoso para no empeorar las ya deterioradas relaciones entre su país y el presidente Donald Trump.

Al término de la breve visita, tengo que decir que puedo “quitarme el sombrero” ante el monarca, porque en sus diferentes intervenciones supo enviar mensajes claros, siempre con “guante blanco”, para dejar en el ambiente una crítica punzante, pero sin que se pudiera tomar como provocación o falta de respeto.  Todo en un tono más elevado que la diplomacia tradicional.

Los aranceles y luego la guerra con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, han provocado confrontaciones verbales y por redes sociales entre Trump y el primer ministro británico Keir Starmer, a quien el mandatario estadounidense califica de “débil” por no intervenir en el conflicto de Medio Oriente y no aceptar su estrategia para un control internacional de Ormuz.  El británico, por su parte y en un afán de no provocar una escalada verbal mayor, considera las criticas como “insultos pequeños y mezquinos”

Históricamente, Estados Unidos y el Reino Unido han mantenido relaciones estrechas, al extremo de ser considerado, sin duda, el aliado más importante para la primera potencia global, sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial, la llamada “Guerra Fría” y hasta antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2024.

En ese marco de tensión y enfriamiento de las relaciones bilaterales es que se produce la visita del rey Carlos III, por cierto, el tercer monarca británico en ser recibido en lo que muchos llaman “el centro de poder más importante del mundo”.

Por eso, cuando habló frente al Congreso –Senado y Cámara de Representantes juntos–, la expectativa era enorme, pues estaba obligado a ser diplomático, pero también decir las cosas que el pueblo británico esperaba de su monarca.

Carlos III utilizó la historia para dejar sus mensajes claros:  Sobre el tema constitucional, recordó que el gobierno británico se sustenta en la Carta Magna de 1215 y que la misma sirvió de base para la Constitución de EEUU.  En esta referencia histórica llegó un dardo que caló profundamente en la audiencia: “Nuestras tradiciones comparten un ADN común: el entendimiento de que el poder, para ser justo, debe ser limitado.  La verdadera fortaleza de una República, al igual que el de una Monarquía Constitucional, no reside en la voluntad de un solo hombre, sino en la sagrada independencia de sus leyes y separación de sus instituciones”.

Esto dicho nada menos que en el momento en que se discute si Trump tiene autoridad para continuar con la guerra contra Irán después de los 60 días que la ley le permite hacerlo sin el permiso del Congreso.

El aplauso de la concurrencia fue evidente.  Tanto, que hasta el presidente felicitó más tarde al rey, al decir en la cena su honor: “El rey es un tipo fenomenal.  Tiene estilo increíble. Hizo que incluso los demócratas, que normalmente no aplauden nada que tenga sentido, se pusiera de pie.  Fue un gran espectáculo”.  Una forma poco usual de Trump para devolver un golpe de “guante blanco”.

A su manera, sin mencionar nombre alguno, el rey criticó las actitudes autoritarias de su anfitrión.

Hubo otro señalamiento con trasfondo crítico.  Carlos III, un reconocido ecologista por décadas hizo una mención especial sobre un tema en el que Trump difiere totalmente.  El rey dijo: “No heredamos la tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestada de nuestros hijos.  Proteger nuestro hogar común no es un lujo partidista ni una opción política, es el imperativo moral más urgente de nuestra época, uno que requiere la unidad de todos los aliados”.

De manera elegante era una censura a la política estadounidense, que no reconoce ahora la responsabilidad global de proteger el ambiente.  Prueba de eso, la salida del Acuerdo de París por parte de Washington.  Un rey clamando por proteger el planeta, un presidente afirmando que hay que explotar sus recursos.

¿Qué viene en las relaciones entre Trump y sus “aliados europeos”?  El rey dejó claro que la alianza entre el Reino Unido y EEUU es vital para la defensa de la democracia, pero cree –y lo dijo–que “la fuerza de las naciones libres no reside en la magnitud de sus muros, sino en la solidez de sus puentes.  Quien cree que puede caminar solo en un mundo en llamas, termina consumido por su propia soledad”.

El rey demostró, con la historia y metáforas utilizadas, que en el mundo moderno el verdadero soberano es aquel que sabe cuidar de sus alianzas y sus amigos no el que amenaza constantemente con dejarlos desprotegidos, como ahora mismo hace Trump con Alemania, España e Italia. 

Lecciones del uso adecuado del “guante blanco”.

(La columna Enfoque se publica también en la Prensa Gráfica, El Salvador; El Heraldo, Honduras; Listín Diario, República Dominicana; y La República, Perú).

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