PROVOCATIO: Lobotomía ciudadana por defecto


¿Por qué ante la evidencia, se muestra ceguera y sordera por parte de las mayorías? ¿Por qué una víctima de la estructura desigual, discriminatoria e injusta del modelo económico, se convierte en su férreo defensor?… ¿Por qué vemos y oímos lo que queremos y no lo que ES? ¿Por qué las percepciones de las masas alejan cada vez más un cambio estructural?  ¿Por qué quienes tienen el privilegio del estudio superior, terminan expresándose como aquellos que apenas terminaron la primaria?


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

El diccionario de la Real Academia Española define lobotomía como la ablación total o parcial de los lóbulos frontales del cerebro. Según se sabe, el lóbulo frontal es uno de los cuatro lóbulos de la corteza cerebral y constituye una región grande que está situada en la parte delantera del cerebro, justo detrás de la frente. Es el responsable de procesos cognitivos complejos, las llamadas funciones ejecutivas. Estas funciones son operaciones mentales dirigidas hacia un fin que permiten el control conductual, es decir, posibilitan que podamos elegir, planificar y tomar decisiones voluntarias y conscientes.

Según Elkhonon Goldberg, el lóbulo frontal es, al cerebro, lo que un director a una orquesta: coordina y dirige las otras estructuras neurales del cerebro en una acción concertada. Al aplicar esta premisa clínica al ámbito sociopolítico, se hace evidente por qué la población persiste en mantener un estado de negación, operando bajo una mente de colmena que ignora la contundencia de los hechos.

Ya anteriormente, escribí sobre el efecto Dunning-Kruger, que, según yo percibo, afecta a gran parte de la población, y en el que comentaba cómo, ante tanta data y evidencia, las más básicas funciones cognitivas no se logran. Guatemala presenta un cuadro de insanidad mental que es muy bien aprovechado por las élites, aunque vale decir que, a un buen número de estas, la endogamia oligárquica también las hace víctimas.

Recurro a estos ejemplos porque no encuentro otra forma de explicar que, fuera de toda lógica, los habitantes de esta paradisíaca comarca siguen “botando” y no votando, o bien, votando, pero no eligiendo, en la espera de nuevos resultados, pero sin que cambien las dinámicas tradicionales. La oferta política es –lo sabemos– una porquería, y a pesar de ello, se ha enraizado la costumbre de ejercer el sufragio favoreciendo al “menos peor”.

Sin recurrir a la controvertida intervención neuroquirúrgica desarrollada en la década de los años treinta del siglo pasado por Antonio Egas Moniz, ni a la distribución de potentes fármacos que se pusieron de moda en los cincuentas, el sistema diseñó mecanismos que homogeneizaran el pensamiento, en sus versiones más básicas. Lo que no pudieron hacer los mass media tradicionales, lo han hecho las redes sociales y otras trampas similares, que podemos englobar bajo el término de aparatos ideológicos del Estado.

Entender lo anterior, permite contestarse estas preguntas:

¿Por qué ante la evidencia, se muestra ceguera y sordera por parte de las mayorías?

¿Por qué una víctima de la estructura desigual, discriminatoria e injusta del modelo económico, se convierte en su férreo defensor?

¿Por qué vemos y oímos lo que queremos y no lo que ES?

¿Por qué las percepciones de las masas alejan cada vez más, un cambio estructural? 

¿Por qué, quienes tienen el privilegio del estudio superior, terminan expresándose como aquellos que apenas terminaron la primaria?

Tres mecanismos deconstruyeron la realidad que hoy vivimos.

1.        La efectividad de los aparatos ideológicos del Estado, es decir, todos aquellos instrumentos que modelan un comportamiento y lo imponen, ya sea en forma material (violencia) o en forma simbólica (hegemonía). Los imaginarios sociales construyen una opinión pública, la cual es adecuada y masificada por los medios de comunicación, las iglesias de todo credo, la Escuela como institución reproductora, la cultura y otras herramientas. El consumidor final, el “ciudadano permitido”, debe pensar y reproducir ese pensamiento, de tal forma que el statu quo se mantenga. No basta ser dominado, la subalternidad debe agradecer esa condición y conformarse. 

2.        Un país con la mitad de la población desnutrida y sumida en la pobreza, produce niños, jóvenes y adultos con incapacidad neuronal para poder generar conocimiento más allá de lo básico, no digamos un pensamiento crítico e independiente. ¿Se ha puesto a pensar que la posibilidad diaria de encontrarse con una persona en esas condiciones es altísima? Quienes desarrollamos una labor docente lo vivimos en el día a día, muchas personas se esfuerzan y por más que se les explique, no logran conectar con una lógica racional y mucho menos creatividad.

3.        Lobotomía ciudadana. El principal objetivo de la guerra interna no era militar. La implantación del terror incrustó un chip de rechazo a lo nuevo, a todo lo que oliera a cambio, a todo lo que pudiera incomodar a esos grupos que infligieron tanto daño a la población pobre, indígena e indefensa, que es la gran mayoría. Para el resto que vivieron menos brutalidad, quedó el miedo, ese mecanismo que se activa fácil y convenientemente en situaciones puntuales.

Para sellar la lobotomía ciudadana, se diseñó una campaña comunicacional burda y vulgar pero desgraciadamente efectiva. Ahora resulta que los críticos del sistema somos los resentidos, que quienes generamos pensamiento reflexivo somos no solo innecesarios e incómodos, sino peligrosos. Para sellar esta lobotomía cultural, se implanta la propia culpa, es decir, se culpa a los mismos ciudadanos por lo que pase o deje de pasar.

Las víctimas de la desnutrición y la extrema pobreza tienen excusa, las propias élites también, pues siempre actúan en su propio beneficio.  ¿Pero qué hay del resto? ¿Qué hay de esas capas medias que lograron avanzar en la pirámide de Maslow y que cuentan con las herramientas necesarias para generar un pensamiento diferente, contestario, innovador y, sobre todo, humano?

Si no despertamos el sentido crítico, la lobotomía ciudadana dejará de ser un accidente para convertirse en nuestra forma permanente de existir en una democracia funcional.


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