…Es bueno o necesario hacer conciencia y reconocer el daño que los aficionados radicales y violentos le han hecho al fútbol a lo largo de la historia con hechos verdaderamente trágicos».

Hugo Castillo Aragón
Días antes que se disputara el partido de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones de Europa 2025-26 y que enfrentó al Real Madrid contra Manchester City, varios medios replicaron un pedido a la afición blanca de no portar banderas españolas, algo que fue calificado de inaudito. Raro diría.
En pleno corazón de España no ver banderas de ese país en el estadio más español de todos, es una verdadera vergüenza, pero todo tiene una razón y es que el Real Madrid había sido multado y recibió una amenaza de la UEFA de cierre parcial del estadio por las señales nazis que se vieron durante el encuentro contra el Benfica.
Cabe señalar que en Europa este tipo de señales no son toleradas, aunque se ven con frecuencia, así como en las naciones balcánicas, entre otras.
De igual manera, recomendaron no insultar a Pep Guardiola a quien la afición blanca regularmente ataca por su pasado barcelonista y por ciertos gestos prepotentes que hace cuando visita el estadio del 15 veces campeón de Europa.
Pero más allá de este partido, que terminó en un baile de los de Álvaro Arbeloa al City, es bueno o necesario hacer conciencia y reconocer el daño que los aficionados radicales y violentos le han hecho al fútbol a lo largo de la historia con hechos verdaderamente trágicos.
Y no es solo es España, la lista es larguísima, de casos espeluznantes de aficionados que han sembrado terror, unos con más fuerza que otros como en Argentina donde el fenómeno de las barras bravas es de verdad horrendo ya que tales grupos tienen conexiones políticas y responden a intereses oscuros, incluso criminales.
En ese país, podría decirse que está la universidad de las barras y pueden, cuando se lo proponen, sembrar caos, odio y destrucción como muchas veces lo hemos visto, no solo en partidos locales sino internacionales.
Recientemente en un podcast de un medio local argentino se hablaba de como los equipos, sus dirigentes, incluso jugadores, protegen a los radicales, les dan entradas, dinero, licor, drogas y tienen en estos momentos su plan trazado para enviarlos sin que les cueste un centavo a la Copa del Mundo del 2026 en donde apoyarán a la selección campeona del mundo.
Y lo peor de todo es que en otros países latinoamericanos se ha replicado este modelo, el de las barras argentinas, y aunque no tienen la misma violencia ni las conexiones, hacen daño y se ha visto con preocupación en Chile, Colombia, Brasil, así como en algunos estadios de México.
Y como siempre menciono a Guatemala en muchos de los temas que abordo, acá la violencia en el fútbol disminuyó desde hace varios años y fue clave la prohibición de no dejar entrar aficiones visitantes a los partidos de la Liga Nacional, aunque en los los 90 y parte del nuevo siglo se dieron hechos lamentables, todos relacionados con la rivalidad entre aficiones de Municipal y Comunicaciones, los dos equipos que se hacen llamar “grandes”.
Afortunadamente la calma llegó a los estadios, que por cierto tienen asistencias paupérrimas, pero es sano que se juegue en un ambiente menos violento y mucho más relajado ya que al final es fútbol, un espectáculo o un simple juego.
El país ya es lo suficientemente violento y polarizado como para ver más enfrentamiento en los estadios que ofrecen, para muchas personas que estudian el comportamiento humano, escapes a personas que de otra manera no podría sacar sus frustraciones y fantasmas internos.
Entre apoyar a un equipo y convertirse en un energúmeno hay mucha diferencia ya que muchos seguidores, como se veía en Inglaterra, de día eran perfectos seres humanos, pero cuando se convertían en hooligans eran temibles, a tal grado que ese país fue vetado de competir en campeonatos internacionales durante muchos años hasta que salieron de esa pesadilla que hoy no está borrada, pero si contenida.
El fútbol mundial tiene esa asignatura pendiente de limpiar de violentos los estadios y no es una tarea fácil, porque tienen que ver muchas situaciones, según el país en el que se vea, desde condiciones sociales, educación, hasta la bendición y apoyo de políticos que los ven como el perfecto vehículo para sus intereses.
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