- Poco a poco avanzan hacia sus objetivos: el control de la justicia, del sistema político.
- Las fuerzas llamadas «antidemocráticas» o el «pacto de corruptos» han avanzado para tener control del TSE, la CC y un fical general que no sea «adversario».
Redacción Crónica
Lo que el jueves vimos en el Congreso no es un evento aislado, sino pieza de un rompecabezas diseñado para que nada cambie. Mientras la opinión pública se desgasta en la coyuntura diaria, las estructuras que han cooptado la justicia están levantando un muro de contención que no solo blindará el pasado, sino que condicionará el futuro democrático del país.
El objetivo es claro: el control total del ciclo 2026, ganando las eleciones institucionales y reteniendo el poder que han retenido durante los últimos años, al mantener cooptada la justicia, con el poder que ello implica.

El TSE y la CC: Los árbitros de la próxima elección
La preocupación no termina en la Corte de Constitucionalidad (CC), en donde estas fuerzas ya tienen los 3 votos necesarios para inclinar la balanza a su favor. La alianza opositora en el Congreso, esa amalgama de intereses que une a mafias, sectores ideológicos y grupos de poder tradicional, ya tiene la mira puesta en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que no podrá escapar.
El plan es una carambola de dos bandas:
- Asegurar una CC con mayoría de 3 votos (USAC, CSJ y Congreso): Este será el muro defensor definitivo. Cualquier impugnación, cualquier intento de reforma o cualquier antejuicio contra sus aliados morirá en la máxima corte.
- Elegir un TSE integrado por candidatos «grises»: El Congreso debe votar pronto por los relevos en el Tribunal Electoral. Los candidatos muestran perfiles dóciles o comprometidos y quienes sean electos tendrán en sus manos los procesos electorales de 2027 y 2031.
Si la CC es el muro, un TSE a su medida es la llave para decidir quién participa y quién no, repitiendo o agravando las crisis de exclusión que ya vimos en procesos pasados. Pero si hubiera nuevamente un candidato «sorpresa», cualquier impugnación va a parar… a la CC, el árbitro inapelable.
El laberinto del Fiscal General
El último eslabón de esta cadena de mando es el Ministerio Público (MP). Aunque el presidente Bernardo Arévalo tiene la facultad constitucional de elegir al sucesor de Consuelo Porras en 2026, su margen de maniobra es peligrosamente estrecho.
El mandatario solo puede elegir de una lista de seis candidatos que le envía la Comisión de Postulación. Si esa comisión —integrada por decanos y representantes gremiales donde las fuerzas antidemocráticas tienen enorme influencia— envía una nómina llena de nombres mediocres o alineados al sistema, el presidente estará ante una elección imposible: elegir entre lo malo y lo peor.
Sin un Fiscal General independiente y con una CC controlada por el bloque opositor, los cambios «de fondo» en el sector justicia serán, sencillamente, una quimera.
Los retos del futuro: Un Estado bajo asedio
El panorama para Guatemala es de un asedio institucional coordinado. Los retos que vienen son existenciales para la democracia:
- La parálisis de la justicia: Una CC que responderá a intereses particulares anulará cualquier avance en la lucha contra la corrupción.
- La vulnerabilidad electoral: Con un TSE y una CC alineados, la voluntad popular en las urnas podría ser revertida en los tribunales.
- La desilusión ciudadana: La sensación de que «el sistema siempre gana» podría desactivar la presión social, que es hoy por hoy el único contrapeso real.
Conclusión: ¿La última línea de defensa?
Guatemala se encamina a un escenario donde el Ejecutivo podría quedar como una isla de buenas intenciones rodeada por un océano de instituciones capturadas.
La «alianza oficista» en el Congreso no es tal, sino simplemente una serie de negociaciones que funciona cuando hay negocios y prebendas como ficha de cambio, como ha ocurrido con el Presupuesto y todos los beneficios concedidos a los Codedes. Así se vio el jueves, cuando esos mismos diputados se voltearon y se convirtieron en «la vieja alianza opositora», que cuncionó a las mil maravillas.
El sueño que se tuvo de que el 2026 sería el año de la liberación de la justicia se ha diluido.
El último bastión de defensa que queda es el sector ciudadano, pero aún en ese nicho de fuerza se ha visto que la desinformación impacta y que las redes sociales, en vez de unir, terminan siendo una fuente de critica, pero sin músculo para provocar cambios.
El futuro es oscuro para el país y en la pocas batallas que aún quedan por librar en ese triplete de tableros con «batallas de ajedrez», es poco lo que se puede rescatar ya, por no decir nada…
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