PROVOCATIO: Dos grandes problemas y una élite miope


…la indiferencia de la población a la política y la carencia de pensamiento reflexivo en los guatemaltecos, tienen causas estructurales que, de no cambiar radicalmente, mantendrán contingentes humano sin que se planteen siquiera lo grave de la situación en la que vivimos y, menos, la forma de enfrentarlo y superarlo.


José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)

Se ha escrito y dicho mucho acerca de la importancia del pensamiento crítico para construir ciudadanía; también se ha reconocido que un estómago vacío no aprende, lamentando que la desnutrición crónica en Guatemala, alcanza a casi la mitad de niños de 0 a 5 años.

Otro elemento importante que debe siempre tomarse en cuenta, es la Pirámide de Maslow, pues sin alcanzar los primeros tres niveles de la misma en forma satisfactoria, es imposible elevarse a espacios que permiten la creatividad, la imaginación y la solvencia en la resolución de todo tipo de problemas.

Esta breve introducción es necesaria para entender que la indiferencia de la población a la política y la carencia de pensamiento reflexivo en los guatemaltecos, tienen causas estructurales que, de no cambiar radicalmente, mantendrán contingentes humanos sin que se planteen siquiera lo grave de la situación en la que vivimos y, menos, la forma de enfrentarlo y superarlo.

El problema es tan evidente, que los docentes universitarios lo detectamos desde el primer año, llegando al extremo que a muchos alumnos se les dificulta leer adecuadamente simples textos. Las falencias de primaria se siguen reproduciendo en la secundaria, y los resultados no podrían ser distintos a los que arroja la última encuesta de educación, sobre el rendimiento de alumnos graduados de nivel medio. Lo más cínico, es que se celebra como una “gran novedad”, el hecho que los índices han mejorado levemente, aunque esos números, lo que deberían de causar, es extrema preocupación y, sobre todo, acción.

En términos generales, 16.2% de los estudiantes del último año de diversificado logró un nivel satisfactorio en matemáticas, mientras que en lectura fue el 35.38%[i]. Por demás está decir, que los estándares utilizados son básicos, y si las pruebas se hicieran en un país desarrollado, los porcentajes serían peores. La referencia para calificar los resultados como “mejores” es que, en 2015, la cantidad de estudiantes que alcanzó los niveles excelente y satisfactorio fue del 8.5% y en 2022, se reportó mejora, al llegar a un 14.1%.  El Mineduc achaca los bajos resultados a la pandemia, cuando en realidad ya veníamos con déficit mucho antes y la tendencia se mantuvo, aunque, claro, se agravó con la crisis del COVID de la cual ya deberíamos haber salido, si en verdad el problema fuese una prioridad nacional.

Según las carreras, “los bachilleres obtuvieron el nivel de logro más alto en el área de matemáticas, con un 17% de estudiantes en ese grupo; seguidos por la carrera de perito 15%, magisterio 13% y, en último lugar, los estudiantes de secretariado 6%… En lectura, los estudiantes de perito alcanzaron los mejores resultados: el 37% estuvo en el nivel de logro. En segundo lugar, se ubicó el bachillerato con 35%, luego, magisterio 33% y, de nuevo, secretariado en el último puesto, con 26%”.

Mineduc evaluó a 147 mil 199 graduandos y llama poderosamente la atención que la mitad de ellos afirmó estudiar y trabajar al mismo tiempo, lo que respalda el problema estructural que se menciona. A pesar de esto, ningún funcionario del ministerio habla de cambios radicales y urgentes, se limitan a decir: “Se debe continuar con las medidas que han dado buenos resultados” (SIC).

No se subestima la importancia del desarrollo propiamente económico, tecnológico y de infraestructura, pero Guatemala necesita un viraje estructural INMEDIATO en dos áreas esenciales: desnutrición y educación. El primer tema se mantiene en la orfandad de las decisiones políticas, porque simplemente, no genera votos. Respecto de la educación, parecen ser suficientes las medidas paliativas para mantener a flote la idea que se “avanza”. En ambos casos, ya sabemos quiénes se benefician del subdesarrollo físico, mental y educativo de niños, niñas y adolescentes, pues de esta condición dependen los bajos salarios, la precaria situación laboral y la poca o nula capacidad de protesta de las víctimas.

Aunque se ha dicho miles de veces, debemos insistir que la desnutrición no es un problema de hambre, pues el impacto alcanza talla, peso y, sobre todo, la capacidad neuronal de razonar. Sin resolver esto, de nada sirven las refacciones escolares públicas, pues el impacto se da en los primeros tres años de vida y es irreversible.

La ceguera de las élites económicas no les permite percatarse que el daño, en el largo plazo, es del país y de ellas mismas, pues en la precariedad actual, Guatemala seguirá rezagada y perdiendo oportunidades en esta época global. En cuanto a los gobiernos, poco o nada pueden hacer, pues quienes los llevan allí mediante el financiamiento electoral (lícito e ilícito) determinan los alcances y cambios que los gobernantes puedan hacer

[i] Datos publicados en Prensa Libre el martes 24-02-26)


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