La entrevista permitió que Vinicius hablara sin intermediarios, sin edición agresiva, sin frases sacadas de contexto. Y eso incomodó a quienes han construido relatos simplistas sobre él. En otras palabras el periodismo deportivo de estos tiempos quiere vender por destrozar a un jugador».

Hugo Castillo Aragón
La entrevista de Ibai Llanos, el popular influencer español, con más de 15 millones de seguidores en su canal de YouTube que hizo recientemente a Vinicius Junior no fue solo un contenido viral. Fue algo más profundo y, para algunos, más necesario de lo que estaban dispuestos a admitir.
Ibai hace el trabajo que los medios tradicionales no han podido llevar a cabo ya que han dedicado rios de tinta y papel para criticar al joven brasileño, quien simplemente se divierte en el terreno de juego, al estilo de aquellos magos de su país como Garrincha, Zico, Romario, Rivando, Ronaldinho, entre otros genios.
Esos medios, con sectores racistas hasta el cansancio, critican más los gestos o el comportamiento del jugador antes que su eficiencia en el terreno de juego, y en el caso de Vini constantemente les demuestra su capacidad y no es casualidad que en dos títulos de Liga de Campeones de Europa del Real Madrid haya sido fundamental.
Lo interesante de la conversación con Ibai es que cambió el escenario. No hubo rueda de prensa fría, ni declaraciones medidas en zona mixta. Hubo una charla directa, larga, humana. Y en ese espacio, Vinicius dejó de ser el extremo eléctrico que desborda por la banda para convertirse en algo más importante, una persona que explica cómo se siente cuando el ruido supera al balón.
Ibai entendió algo que parte de la prensa tradicional aún no asimila: el fútbol ya no se consume solo en titulares incendiarios. Se consume en plataformas donde el público quiere escuchar, no solo juzgar.
La entrevista permitió que Vinicius hablara sin intermediarios, sin edición agresiva, sin frases sacadas de contexto. Y eso incomodó a quienes han construido relatos simplistas sobre él. En otras palabras el periodismo deportivo de estos tiempos quiere vender por destrozar a un jugador.
Hay una diferencia fundamental entre criticar el rendimiento y cuestionar la identidad. La primera es parte del juego. La segunda es peligrosa. Cuando un sector de la prensa insiste en etiquetar a Vinicius como provocador por celebrar, conflictivo por defenderse o exagerado por reaccionar ante insultos, conviene preguntarse qué otros futbolistas reciben el mismo tratamiento con igual intensidad.
La conversación no fue en tono victimista. Fue una exposición serena de lo que significa competir bajo sospecha constante. Vinicius no negó sus errores, pero tampoco aceptó que la violencia verbal o el racismo se normalicen bajo la excusa de la pasión futbolística.
La entrevista también reflejó el cambio generacional en la comunicación deportiva. Un influencer entrevistando a una estrella mundial no es una anécdota; es una señal de época. Los jugadores buscan espacios donde puedan expresarse sin el filtro del morbo. Y el público, cada vez más, distingue entre crítica legítima así como el discurso tóxico, y voy más allá, las redes sociales, con sus cosas negativas, democratizaron la comunicación ya que ahora cara individuo mira lo que le da la gana y no recibe información que deciden uno o dos personas en una sala de redacción.
Vinicius sigue siendo un jugador monumental, provocador en el mejor sentido competitivo. Celebra, sonríe, baila. Y eso, en algunos sectores, molesta más de lo que debería. Pero el fútbol necesita personalidad. Necesita diversidad. Necesita alegría.
La charla con Ibai no resolvió el problema del racismo en el deporte. Pero sí dejó algo claro, que Vinicius no está dispuesto a callar ni a encogerse para encajar en moldes ajenos. Y quizá ahí radica el verdadero debate.
En un fútbol que a veces exige silencio y obediencia, que un jugador hable con honestidad puede ser más revolucionario que cualquier regate por eso no podemos dejar de decir: Baila Vini baila…
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