- Max Verstappen no suele hablar por hablar. Si algo ha caracterizado al cuatro veces campeón del mundo es su franqueza sin filtros.
Por eso, cuando define los nuevos monoplazas de 2026 como “anti-carreras” y asegura que no son divertidos de conducir, el comentario trasciende la anécdota y abre un debate profundo sobre el rumbo de la Fórmula 1.
El neerlandés comparó los coches actuales con una “Fórmula E con esteroides”, una frase que condensa su crítica: potencia eléctrica dominante, gestión energética constante y menor protagonismo del instinto puro de pilotaje.
La revolución 2026: eficiencia al 50%
El reglamento técnico ha introducido un cambio estructural: Distribución de potencia casi 50% combustión / 50% energía eléctrica. Mayor dependencia del despliegue de batería en recta.
Aerodinámica activa y autos más ligeros. Gestión energética estratégica como factor decisivo.
Sobre el papel, la nueva era busca sostenibilidad, eficiencia y relevancia tecnológica. Pero en la práctica, según Verstappen, el piloto pasa de atacar constantemente a administrar recursos. Y ahí está el núcleo del conflicto.
¿Menos espectáculo o nueva complejidad?
La crítica de Verstappen apunta a que el piloto debe levantar el pie antes de tiempo, ahorrar energía y calcular despliegues eléctricos en lugar de ir al límite vuelta tras vuelta. Para un competidor formado en la agresividad del karting y en la F1 híbrida más potente, eso puede sentirse artificial.
La Fórmula 1 siempre ha sido una combinación de ingeniería y talento. Si ahora la gestión eléctrica es clave, ¿no forma parte también del desafío?
El problema no es técnico, es emocional. La F1 construyó su narrativa en torno al riesgo, la velocidad sin concesiones y la lucha cuerpo a cuerpo. Si la estrategia energética condiciona los adelantamientos o limita el ataque, el espectáculo puede resentirse.
La comparación con la Fórmula E
La referencia a la Fórmula E no es casual. Esa categoría ha sido criticada por priorizar la gestión sobre la agresividad pura. Verstappen sugiere que la F1 corre el riesgo de parecerse demasiado a ella, aunque con más potencia y aerodinámica.
Para algunos puristas, eso es una señal de alerta. Para los defensores del nuevo reglamento, es simplemente la evolución natural del automovilismo en la era sostenible.
El trasfondo competitivo
También hay que considerar el contexto: cada cambio reglamentario altera jerarquías. Equipos que dominaban pueden sufrir; otros pueden emerger. Las declaraciones de los pilotos muchas veces reflejan sensaciones reales… pero también incertidumbre competitiva.
Verstappen, acostumbrado a un monoplaza dominante en ciclos anteriores, ahora se enfrenta a una hoja en blanco tecnológica. Y en esa transición, la adaptación será tan importante como la velocidad.
¿Hacia dónde va la F1?
La pregunta no es si los autos son más eléctricos. Eso ya es irreversible. La pregunta es si la categoría logrará mantener: Adelantamientos naturales. Intensidad constante. Y libertad de ataque para el piloto.
Si la respuesta es sí, el reglamento 2026 será recordado como una revolución necesaria. Si la respuesta es no, la crítica de Verstappen quedará como advertencia temprana.