No podemos ocultar el sol con un dedo y debemos reconocer la asimetría entre las fuerzas democráticas y las mafias, las cuales cuentan con apoyos subterráneos de personajes oscuros, aparentando decencia pública».
José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)
Aunque la atención mediática sigue siendo dominada por un cúmulo de noticias irrelevantes o bien, la nota roja, un buen número de ciudadanos seguimos con atención el proceso relacionado con las comisiones de postulación, en las llamadas elecciones de segundo grado.
A pesar de la trascendencia de estas designaciones, mucha gente se pregunta: ¿En qué me afecta un proceso en el cual no voto de forma directa? ¿Si deciden los mismos actores de siempre, por qué debería de involucrarme?
Las interrogantes tienen mucha lógica y se derivan del fracaso en la batalla cultural de los sectores democráticos, mientras los grupos ultraconservadores invierten mucho dinero, disponiendo de sus siempre solícitos operadores, así como de la propiedad de muchos medios. Aprovechan, además, la escasa o nula formación ciudadana (no digamos política) de las mayorías del país, las cuales, relegan su atención primaria a las carencias y necesidades cotidianas que son muchas, dada la precariedad de la estructura socioeconómica de Guatemala.
El pleno desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han mostrado sus diversas facetas, destacando la positiva, por facilitar la información que antes era dispersa, y hoy de forma ágil y masiva. Surge también la tendencia, cada vez más presente, de advertir los peligros que implica, llegando incluso a satanizar todo lo relacionado con tecnología y redes. Sin embargo, para los efectos del presente artículo, quiero destacar la importancia que tienen para el sano manejo de todos los que creemos en los valores de la justicia y los derechos humanos.
La gran diferencia con procesos pasados es que ahora, muy difícilmente, las triquiñuelas pueden permanecer ocultas, por lo menos, no por mucho tiempo. La ciudadanía consciente debe aprovechar estas dos herramientas fundamentales:
· La denuncia permanente pero responsablemente asumida, para evitar bulos, noticias falsas o la desacreditación injusta. Cierto que la mayoría de actores (sean funcionarios, candidatos o comisionados) son de reconocida poca o nula honorabilidad y capacidad, pero debemos evitar la generalización, pues eso terminaría inhibiendo a los pocos valientes y probos que se atreven a participar.
· El fortalecimiento de la batalla cultural y política, para contrarrestar la propaganda de quienes quieren que sigamos eternamente en este juego perverso que tiene capturada a toda la institucionalidad del Estado. Explicar con objetividad y claridad, toda la información relativa al proceso, con énfasis en la importancia del porqué debemos involucrarnos todos, a pesar de no ser abogados ni votar directamente.
Alguien podrá señalar la gruesa epidermis que tienen muchos operadores de las mafias, tanto los que candidatean, como los que están detrás, pero debemos ya de erradicar la idea que –algún día– estos malandros se arrepientan, sino más bien, la idea es hacer público los peligros que ellos encarnan, o sea, ejercer incidencia ciudadana indirecta. Ha funcionado, no tanto como quisiéramos, pero en el momento que estas prácticas democráticas se masifiquen, no les será tan sencillo a los delincuentes seguir operando con total impunidad.
No se necesita ser un experto tecnológico ni de contar con hardware de punta, sino con suficiente voluntad política y responsabilidad ciudadana para crear redes, con el único interés de un futuro mejor para todos y todas. Si seguimos igual, todos lo pagaremos muy caro, incluyendo a los que son indiferentes.
«La realidad está definida con palabras. Por lo tanto, el que controla las palabras controla la realidad» Antonio Gramsci.
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