- El Abierto de Australia 2026 ya tiene el cartel que todo el planeta tenis soñaba. Tras dos semanas de batalla extrema bajo el sol de Victoria, el destino ha querido que la final del próximo domingo 1 de febrero sea un choque de eras, de estilos y de legados.
En una esquina, el «Rey de Melbourne», Novak Djokovic, buscando su 25º Grand Slam; en la otra, el heredero al trono, Carlos Alcaraz, persiguiendo el esquivo «Career Grand Slam».
Novak Djokovic: El inmortal desafía a la lógica
Contra todo pronóstico, y tras un inicio de torneo marcado por las dudas físicas, «Nole» está donde siempre: en la final de su jardín particular. Su victoria en semifinales ante Jannik Sinner —quien le había ganado los últimos cinco duelos— fue una declaración de intenciones.
La clave de su renacimiento: Djokovic ha modificado su juego, acortando los puntos y subiendo a la red más que nunca para proteger su físico a los 38 años. Su resiliencia mental tras las ampollas y el cansancio acumulado demuestra que, en la Rod Laver Arena, el serbio juega con un aura de invencibilidad que intimida a cualquiera.
El objetivo: Sumar su 11º título en Australia y poner tierra de por medio en la carrera histórica de los Grand Slams.
Carlos Alcaraz: La madurez del «Gladiador»
Para el murciano, esta final es el «Final Boss» de su carrera. Tras conquistar Nueva York, Londres y París, Melbourne era su asignatura pendiente. Su camino hasta aquí ha sido una exhibición de madurez, especialmente tras la tormenta mediática por su separación de Juan Carlos Ferrero.
La metamorfosis: Estamos viendo a un Alcaraz menos impulsivo y más táctico. Su victoria ante Zverev en semis fue una oda a la gestión de los momentos críticos. Juega sin presión, o al menos eso dice, apoyado en un equipo que le ha dado libertad total para «ser él mismo» en la pista.
El objetivo: Convertirse en el tenista más joven de la historia en completar el Grand Slam de carrera (ganar los cuatro grandes), superando el récord de precocidad de los tres grandes.