Esta efeméride invisibilizó y negó el despojo territorial, la violencia colonial, el trabajo forzado y el genocidio de los pueblos originarios y afrodescendientes. El concepto mismo de «raza» sirvió para naturalizar jerarquías sociales y justificar un racismo estructural e institucional que marginó a las comunidades indígenas durante décadas.
José Alfredo Calderón E. (Historiador y analista político)
Por muchos años, la mayoría de Estados Nacionales celebraban lo que dieron en llamar El Día de la Raza, con clara connotación racista y discriminadora. El punto de referencia fue el 12 de octubre de 1492, fecha en la que Cristóbal Colón arribó a una isla llamada Guanahaní y que fue bautizada por los españoles como San Salvador. El lugar se ubica ahora en el actual archipiélago de las Bahamas.
Lo que durante muchos años se manejó como “el descubrimiento del nuevo mundo” o “el encuentro de dos mundos”, trató de disfrazar lo que en realidad fue, una invasión de conquista y despojo, empapada en sangre y todo tipo de aberraciones contra las poblaciones indígenas del continente americano.
Al mejor estilo del dicho popular: Cada quién habla de la fiesta según le va en ella, y si hiciéramos encuestas de opinión, según la clase social, las respuestas serían tan disímiles como la distancia que las separa en la estructura social y económica de cada país.
La denominación de Día de la Raza fue propuesta en 1913 por Faustino Rodríguez-San Pedro desde la Unión Iberoamericana e instituida paulatinamente en España y América Latina entre 1914 y 1918. Surgió en un contexto donde los Estados-nación latinoamericanos buscaban consolidar identidades nacionales homogéneas. Bajo el mito del mestizaje paternalista, la festividad exaltaba la matriz cultural hispánica (lengua, religión católica y civilización) como el motor traído por Cristóbal Colón en 1492, apadrinado por los reyes de España.
Esta efeméride invisibilizó y negó el despojo territorial, la violencia colonial, el trabajo forzado y el genocidio de los pueblos originarios y afrodescendientes. El concepto mismo de «raza» sirvió para naturalizar jerarquías sociales y justificar un racismo estructural e institucional que marginó a las comunidades indígenas durante décadas.
A mediados del siglo pasado, la festividad en España mutó a Día de la Hispanidad (más tarde Fiesta Nacional), mientras que en el marco de la diplomacia internacional y la víspera del V Centenario (1992), se promovió el eufemismo: Encuentro de Dos Mundos.
Diversas organizaciones, académicos e intelectuales latinoamericanos, intentaron distanciar la celebración de la carga biológica del término «raza», señalando que este enfoque mantuvo un sesgo eurocéntrico. Presentar la conquista como un «encuentro armónico» encubrió la imposición del régimen colonial, el saqueo de recursos y la destrucción sistemática de las estructuras políticas y culturales del Abya Yala, que significa «tierra madura», «tierra viva» o «tierra en plena floración» en idioma dulegaya, la lengua del pueblo Guna o Kuna de Panamá y Colombia.
La respuesta de los pueblos sometidos no se hizo esperar, y a finales en los años ochenta, surgieron movilizaciones continentales bajo la consigna «500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular», desafiando el relato oficial y exigiendo la revisión de la memoria histórica.
El empoderamiento popular tiene bases históricas, legales y doctrinarias para reivindicar una narrativa contestaria propia. Desde el enfoque científico de las ciencias sociales, así como los fundamentos de los derechos humanos, el rechazo a la memoria oficial de las clases dominantes es completamente válido y legítimo.
Hoy en día, la fecha adopta nombres diferentes (pero en un mismo sentido): En México, Día de la Nación Pluricultural; en Ecuador y Bolivia, Día de la Plurinacionalidad y de la Interculturalidad; en Argentina, Día del Respeto a la Diversidad Cultural y en Guatemala, Nicaragua y Venezuela, Día de la Resistencia Indígena.
La evolución del 12 de octubre refleja el paso de una efeméride colonial e integracionista hacia una plataforma reivindicativa de derechos humanos. En la actualidad, la fecha interpela a las sociedades para superar el racismo ambiental y estructural, avanzando hacia verdaderos Estados plurinacionales e interculturales.
Para el caso de nuestro país, hubo dos hechos fundamentales que impulsaron la reivindicación de la fecha como efeméride de lucha y resistencia: La conmemoración de los 500 años de la invasión colonizadora, pero en particular, el premio Nobel de la Paz concedido a una mujer indígena: Rigoberta Menchú, quien a la fecha, sigue padeciendo un rechazo visceral no solo de las élites del país, sino también de gran parte de capas sociales subalternas contagiadas por el discurso oficial y el imaginario impuesto desde la instauración en 1871 de la Patria del Criollo.
En resumen, destaco las tres razones por las cuales debemos reflexionar en esta fecha:
- Memoria histórica: Honrar la lucha, la dignidad y la supervivencia de los pueblos originarios de América.
- Resignificación: El nuevo concepto busca dejar atrás la idea de «descubrimiento» o celebración de la conquista para visibilizar la persistencia de las culturas, lenguas, territorios y formas de vida de los pueblos nativos.
- Diversidad: En países como Guatemala, donde gran parte de la población es de origen maya, xinca o garífuna, la fecha también impulsa la reflexión sobre la pluriculturalidad, los derechos colectivos y la exigencia de justicia social frente a la discriminación.
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