PROVOCATIO: ¡Entender el Leviatán político es primero!


Al no entender cómo funciona el sistema, las mafias mantienen a las masas (instruidas o no) en el engaño mesiánico en torno a la idea que una sola persona es la que marca la diferencia y el cambio. Por eso, cuando se forma una “nueva” maquinaria electorera, casi todos preguntan: ¿Quién es el gallo? (o gallina, según el caso). Cuando la gente encuentra al que cree el mejor perfil para ser presidente, diputado, alcalde o magistrado, deja por un lado la relación con el ente corrupto que lo resguarda o acoge en sus filas.


José Alfredo Calderón (Historiador y analista político)

Cuando uno desnuda el carácter histórico-sistémico-estructural del drama político guatemalteco, las respuestas más comunes de quienes dicen ser democráticos o progresistas, rayan en las siguientes expresiones:

·      ¿Entonces si todo es malo, no hacemos nada? Frase insidiosa que pretende inducir al maniqueísmo fariseo que reduce todo a blanco o negro.

·      “No puede ser que todo sea malo, más de algo bueno debe haber”. Se parte de la ilusión que hombres buenos terminan imponiéndose a la máquina electorera que los cobija, lo cual nos demuestra la historia que no es cierto.

·      “Es lo que hay y se debe escoger lo menos peor”. Por cierto, esta expresión me recuerda las palabras del activista y abogado estadounidense Ralph Nader: “Si eliges entre el menor de dos males, al final del día, sigues teniendo mal” (citado en la versión impresa de la Revista Crónica correspondiente al mes de agosto)

·      Y la más venenosa de todas: “Entonces lo que se pretende es un rompimiento violento de las instituciones y nuestra democracia”. El resto de la verborrea se concentra en admitir los “errores”, “limitaciones”, “vacíos” e “imperfecciones” de un sistema susceptible de mejorar y que debe arreglarse y no sustituirse y, mucho menos, romperse.

No me referiré a las derechas conservadoras que siguen viendo comunistas hasta en la sopa, llegando al ridículo de calificar como socialista, toda aquella iniciativa que hable de justicia, derechos y cambio, aunque también sea de derechas.

Al no entender cómo funciona el sistema, las mafias mantienen a las masas (instruidas o no) en el engaño mesiánico en torno a la idea que una sola persona es la que marca la diferencia y el cambio. Por eso, cuando se forma una “nueva” maquinaria electorera, casi todos preguntan: ¿Quién es el gallo? (o gallina, según el caso). Cuando la gente encuentra al que cree el mejor perfil para presidente, diputado, alcalde o magistrado, deja por un lado la relación con el ente corrupto que lo resguarda o acoge en sus filas.

Recientemente, muchos potenciales electores se sintieron defraudados al saber que el “ciudadano Toriello” pasó a engrosar las filas del reciclado partido VOS, apéndice de la UNE de Sandra Torres y que exhibe una trayectoria precaria, con personajes muy cuestionados que ya fueron funcionarios de gobierno o que llevan años en el hemiciclo legislativo, con mucha más pena que una ejecutoria respetable. Esta experiencia me recuerda a Alfonso Portillo, quien después de pasar por el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), pasó al Partido Socialista Democrático, luego a la Democracia Cristiana y, finalmente, al Frente Republicano Guatemalteco (FRG). En el caso del “ciudadano” la ruta es inversa, desde sus esfuerzos por una postulación del Partido Liberal (que ahora se llama Nueva Derecha), hasta su acercamiento con Prosperidad Ciudadana y otras plataformas del corrompido sistema político-electorero.  Finalmente se relacionó con el Frente Amplio, esa mezcla abigarrada de buenas intenciones y diversas tendencias, lo que facilitó su “contratación” por parte de VOS. En palabras de un tuitero, este partido creó otro Manuel Villacorta; o como exhibe un artículo de la redacción de La Hora: “Candidato que habla contra el sistema, se une a partido del sistema”. Ver: https://lahora.gt/nacionales/la-hora/2026/08/30/candidato-que-habla-contra-el-sistema-se-une-a-partido-del-sistema-toriello-y-vos/

Pretender cambiar el sistema desde dentro del mismo, es una locura, pues el diseño –precisamente– está construido para no poner en peligro los privilegios de quienes manejan toda la maquinaria del engaño. Es como pretender una nueva y buena Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) o una Reforma Constitucional, dependiendo de un congreso que más que pena, da asco.

Ahora bien, existe un planteamiento estratégico que no descarta la participación electoral a sabiendas que no se ganará, pero que permite llevar algunos diputados/as que al menos incomoden al régimen y vayan conociendo al “monstruo” desde sus entrañas, para luego desarticularlo en el largo plazo.  Una rebelión ciudadana toma tiempo y, sobre todo, formación ciudadana primero y política después. Sin claridad, la visión se empaña y las inferencias son equivocadas. Organizarse en esas condiciones, no sirve de mucho.

Si revisamos la historia, constataremos la validez de la frase de Marx: “La violencia es la partera de la historia”.  Ningún cambio radical, absolutamente ninguno, se ha dado en forma pacífica, abundando los ejemplos al respecto. Sin embargo, adelantándonos a la manipulación maniqueísta, debemos advertir que plantearse una revolución armada en pleno siglo XXI es totalmente anacrónico e inviable. Claro está, una rebelión ciudadana pacífica dentro del sistema, implica necesariamente, en determinado momento, romper las formas y sustituir la institucionalidad perversa que impide el cambio, la justicia plena y el ejercicio incondicional de los derechos humanos. Todo lo demás, es poesía.

Si no entiendes lo básico, es decir, cómo funciona el sistema, cualquier esfuerzo será vano para comprender las acciones que se deben tomar.