Mourinho ¿puede rescatar al Madrid? Un club plagado de estrellas que no alcanzan el nivel esperado

  • Tras dos años de sequía en títulos, el Real Madrid y Florentino Pérez apuestan por Jose Mourinho, un técnico al que muchos ven ya trasnochado y de poca capacidad para reverdecer laureles en el club blanco.
  • Con las llegadas del técnico portugués surgen más dudas que respuestas en torno a lo que puede esperar el aficionado madridista.

Carlos María Salvado

José Mourinho regresa al Real Madrid trece años después con una misión que no admite demasiados matices: devolver los títulos al Bernabéu. Pero detrás del nombre, del carácter y de una hoja de vida extraordinaria aparece una pregunta incómoda: ¿vuelve “The Special One” o vuelve un entrenador al que el fútbol moderno comenzó a dejar atrás?

Florentino Pérez ha apostado por una figura que conoce perfectamente la presión del Madrid y que, en su primera etapa, fue capaz de enfrentarse al extraordinario Barcelona de Guardiola, ganar la Liga de los 100 puntos y devolver al conjunto blanco una competitividad que había perdido. Pero Mourinho tiene ahora 63 años y su recorrido más reciente por Tottenham, Roma, Fenerbahçe y Benfica está lejos de sus años imperiales en Oporto, Chelsea, Inter y el propio Madrid. El debate, por eso, es inevitable: ¿experiencia o nostalgia?, ¿un entrenador todavía vigente o, como algunos críticos sostienen, un técnico “trasnochado”? Su contrato hasta 2029 demuestra que Florentino no lo ha contratado para una operación sentimental.

Un Madrid que tiene estrellas, pero todavía busca un equipo

El problema de Mourinho no parece estar en la cantidad de talento. Mbappé, Vinícius, Bellingham, junto con los refuerzos incorporados este verano, le entregan una plantilla capaz de competir con cualquiera. El Madrid ha invertido alrededor de 225 millones de euros y ha incorporado, entre otros, a Yan Diomande, Bernardo Silva, Marc Cucurella e Ibrahima Konaté.

Pero tener grandes nombres no significa necesariamente disponer de una plantilla perfectamente equilibrada. El Madrid todavía ha valorado incorporar otro centrocampista después de no conseguir a Rodri, precisamente porque allí aparece una de las dudas: quién gobierna el partido cuando el rival obliga al Madrid a jugar con pausa y no solamente a explotar la velocidad de sus delanteros. Mourinho habría pedido todavía un mediocampista y otro defensor si el mercado ofrece oportunidades.

Y aparece otro problema inmediato: los centrales. Con Militão y Asencio lesionados, Mourinho dispone por ahora fundamentalmente de Huijsen, Rüdiger y Konaté, lo que obliga a mirar hacia la cantera. No parece una situación dramática para toda la temporada, pero sí una señal de que esta plantilla multimillonaria no está exenta de desequilibrios.

La gran pregunta: ¿Vinícius y Mbappé pueden finalmente potenciarse?

Probablemente allí esté la llave de la temporada.

No se trata de determinar si Vinícius y Mbappé pueden jugar juntos. Naturalmente pueden. La verdadera pregunta es si Mourinho conseguirá que jueguen mejor juntos que separados.

Los dos encuentran su territorio natural partiendo desde la izquierda. Los dos necesitan espacios. Los dos son extraordinarios cuando reciben de frente y pueden atacar al defensor. Y los dos tienen personalidad suficiente para querer ser protagonistas.

Si Mourinho logra que Mbappé y Vinicius juegen como una mancuerna, el potencial del Madrid se puede disparar a niveles inimaginables…

El reto consiste en evitar que uno termine ocupando el espacio del otro.

Mbappé debe asumir definitivamente que su función central en este Madrid pasa por convertirse en el gran finalizador, sin renunciar a desplazarse hacia la izquierda. Vinícius, entretanto, necesita recuperar la versión desequilibrante que convirtió su banda en uno de los lugares más peligrosos del fútbol europeo.

Aquí Mourinho puede ser decisivo. No necesariamente por inventar algo tácticamente revolucionario, sino porque una de sus grandes virtudes históricas ha sido definir jerarquías, funciones y responsabilidades. El Madrid necesita saber quién ocupa cada espacio cuando ataca y, todavía más importante, quién trabaja cuando pierde el balón.

Hay además una historia previa entre Mourinho y Vinícius que no conviene ignorar. En febrero, cuando dirigía al Benfica, el portugués cuestionó parte del comportamiento del brasileño durante el grave incidente con Prestianni. ESPN recogió entonces las declaraciones del técnico sobre el episodio. Ahora ambos deberán construir una relación entrenador-jugador completamente diferente.

Bellingham puede ser la pieza que lo una todo

Entre Vinícius y Mbappé aparece Jude Bellingham.

El inglés puede terminar siendo incluso más importante para el funcionamiento colectivo que cualquiera de las dos superestrellas. Tiene llegada, físico, capacidad para presionar y suficiente talento para aparecer entre líneas. Mourinho suele enamorarse futbolísticamente de jugadores de ese perfil: fuertes, inteligentes tácticamente y capaces de cumplir varias funciones.

A su alrededor, Bernardo Silva aporta algo que el Madrid necesitaba: pausa, asociación y capacidad para interpretar espacios pequeños. Y ahí puede encontrarse parte de la solución cuando el equipo no pueda correr.

La incógnita es si existe suficiente control detrás de ellos. El Madrid posee enorme capacidad para atacar, pero necesita recuperar el dominio del mediocampo que durante años le proporcionaron jugadores como Kroos y Modric. Tchouaméni será fundamental para sostener el equilibrio.

¿Mourinho está realmente “trasnochado”?

Esta es quizá la pregunta más interesante.

El fútbol de 2026 no es el de 2010. Hoy predominan la presión organizada, las estructuras de salida, los laterales que se convierten en mediocampistas, el dominio posicional y una sofisticación táctica que ha evolucionado enormemente.

Mourinho nunca ha sido un entrenador obsesionado con imponer una única manera de jugar. Su gran virtud ha sido otra: construir equipos preparados específicamente para ganar.

Eso puede ser también su debilidad.

Mientras Guardiola, Flick y otros técnicos contemporáneos representan modelos futbolísticos claramente reconocibles, Mourinho representa sobre todo una mentalidad competitiva. Si consigue adaptar esa experiencia al fútbol actual, su regreso puede funcionar. Si pretende reproducir simplemente las recetas que le dieron éxito hace quince años, quienes lo consideran un técnico del pasado tendrán argumentos.

Pero descartarlo sería igualmente peligroso. Ya lo hizo el fútbol varias veces y Mourinho encontró maneras de volver a competir. Incluso en su etapa posterior a los grandes clubes consiguió ganar una Conference League con Roma.

Su mejor fichaje puede ser el vestuario

Hay otro elemento que quizá Florentino Pérez valoró incluso más que la táctica.

El Madrid necesitaba orden.

Mourinho ha llegado imponiendo normas sobre puntualidad, nutrición, recuperación y preparación física, y ha obtenido influencia considerable sobre decisiones deportivas y fichajes. AS resume el nuevo funcionamiento con una frase reveladora: “Todo pasa por Mou”.

Eso puede ser exactamente lo que necesita un vestuario lleno de estrellas.

O convertirse nuevamente en una bomba.

Porque conocemos las dos caras de Mourinho. El mismo entrenador que construye grupos capaces de seguirlo hasta el límite puede terminar agotándolos. Él mismo reconoció sobre el final de su primera etapa madridista que jugadores y entrenador habían terminado cansados unos de otros.

Más dudas que respuestas

El Real Madrid tiene probablemente suficiente talento para ganar títulos. Lo que todavía no sabemos es si tiene el equipo para hacerlo.

Mourinho dispone de Mbappé y Vinícius, pero debe conseguir que se potencien en lugar de estorbarse. Tiene a Bellingham y Bernardo Silva, pero necesita equilibrio en el mediocampo. Posee centrales de enorme nivel, pero comienza corto de efectivos por las lesiones. Y tiene una plantilla repleta de figuras, pero precisamente por eso deberá administrar egos y jerarquías.

Por encima de todo, deberá responder una pregunta sobre sí mismo.

¿Puede José Mourinho reinventarse una vez más?

El Real Madrid no lo contrató para construir un proyecto dentro de tres años. Lo contrató para ganar ahora. Barcelona viene de conquistar las dos últimas Ligas y comienza nuevamente como referencia; el Madrid, en cambio, llega después de dos temporadas sin grandes títulos.

Por eso, a pocos días del comienzo de la temporada, quizá haya más dudas que respuestas.

Pero existe una certeza: pocas veces Mourinho ha sido más peligroso que cuando el fútbol empieza a preguntarse si ya pertenece al pasado.